© Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com


DOCUMENTOS DE PENSAMIENTO LESBOFEMINISTA

Cuando quiero decir lo que miro en mi realidad cotidiana, me busco en un lugar distinto. Yo que hablo una lengua en femenina, nos reconozco, me reconozco en la ovarimonia, en la palabra dada por las mujeres a partir de la experiencia que pasa por nuestras cuerpas y desde nuestros pensamientos y ejercicios reflexivos, aquella que no necesita ser validada desde la lógica y la razón que rigen hoy a un sistema mundo que no es nuestro.


miércoles, 30 de agosto de 2017

ATENTO AVISO Y PARTE I

Estoy cumpliendo cuatro años impartiendo la asignatura “violencia de género” a terapeutas; el año pasado me formé en victimología y este semestre comienzo a impartir esa asignatura, también; la propuesta de “Desterrar Fantasmas”, escrituras de mujeres sobre violencias vividas, lleva ya tres años de existencia con 16 procesos completos en Ciudad de México, más ocho ediciones intensivas en distintos países; Igualmente, hace dos años de forma privada y hace un año públicamente, vengo acompañando a mujeres quienes hemos sobrevivido a violencias sexuales de otras mujeres.

Este “curriculum” lo narro porque he venido reflexionando hace tiempo sobre cómo muchas de las lecturas, estudios e incluso propuestas de intervención sobre violencia son tremendamente patriarcales, revictimizadoras y corresponsabilizan a quien ha padecido el daño de las acciones cometidas por otres. Nuestra sociedad pone, en general, la búsqueda de justicia, la sanación y la cohesión comunitaria en los hombros de quien ha sido herida dejando de lado los procesos psíquicos y necesidades que implica el trauma. Incluso, ignorando el trauma mismo.

En tanto, hay cientos de trabajos y esfuerzos por separar la acción violenta de quien realiza esa acción, así como por comprender y empatizar con quien hace el daño, lo que sumado a la naturalización de la violencia y a la corrupción de los aparatos legaloides en esta región del mundo, garantizan la impunidad casi total y la reproducción del daño, la asimilación hacia vivir eternamente entre quienes dañan y asumiendo el daño como inevitable; construyendo así comunidades enteras en la violencia y la protección a quien violenta.

Escribo esto desde la conciencia de estar en el país en donde se asesina a una mujer cada tres horas y en donde cada una de las mujeres con las que convivo y trabajo ha expresado explícitamente haber sobrevivido a diferentes manifestaciones de la cultura feminicida imperante.

Sobre estos temas, hace tiempo quiero escribir algún ensayo o artículo, por si llega a ser de utilidad a alguna de las que me lee, por si pudiera hacerle algún sentido. Por si aporta a la tarea de desnaturalizar las violencias e idear comunidades en donde no sean toleradas, ni disculpadas, ni olvidadas.

Sin embargo, el trabajo diario me hace posponer esta tarea una y otra vez. Así, que he ideado una manera de auto obligarme a escribir y de comenzar ese trabajo, aun cuando sea de poco a poco. Por ello, me comprometo a que cada miércoles, subiré en mi blog, Ovarimonia, y en mi página de Face cuando menos un par de párrafos que abonen a la construcción de ese ejercicio reflexivo y con el deseo de que estos párrafos se enriquezcan con aquello que alguna quisiera aportar. Un ensayo escrito en público, a ver cómo sale.

Hecho este aviso-anuncio.

Comienzo con la parte primera:

VIOLENCIA

I
Patricia Karina Vergara Sánchez

Violencia es una palabra que etimológicamente parte del latín “Vis”, que significa fuerza o presión y de “olentus”, que se refiere a abundancia o exceso. Es decir, la violencia es un uso excesivo de fuerza o presión.

Para que la violencia ocurra, es necesario que quien violenta tenga, aun cuando sea de forma transitoria, algún tipo de fuerza física o moral o, bien, un instrumento tangible o intangible que permita hacer presión, imponer. Es decir, quien violenta posee alguna forma de poder respecto a quien recibe la violencia.

Hay una observación que me interesa hacer a partir de esta primera definición:

La violencia se lee desde la desigualdad de poder que posibilita esa violencia y desde la acción a partir de ese poder. Esto es, si alguien se presenta ante otra persona y la hiere, está violentándola, si la persona violentada le empuja, le rasguña o le muerde para defenderse, es eso, un acto de defensa o de autodefensa.

La distinción entre las nociones de violencia y autodefensa no es poca cosa, tiene dimensiones políticas.

Al Estado y al sistema patriarcal les conviene bastante llamar violencia a todo acto de enfrentamiento porque así difumina la línea que permite ver en dónde está el poder, las relaciones de poder y qué implican esos abusos d poder.

Un primer ejemplo: es muy conveniente para el patriarcado, cuando tras una situación de violencia en una pareja, una termina con la nariz rota y el otro con rasguños en el rostro y ante el suceso, las personas alrededor, incluso en instituciones que se supone abordan el problema, leen o señalan que “ambos se violentaron”.Probablemente hasta los familiares y les protagonistas de la situación repitan el discurso de aceptación de violencia por ambos lados.

El no leer cuáles heridas ocurrieron de forma defensiva y cuáles de forma ofensiva tiene consecuencias que invito a reflexionar:

1.- Impide ver la desigualdad de poder y las situaciones que dinamitan que una de estas personas tuviera que defenderse.

2.- Al invisibilizar la necesidad de defensa, perpetúa los vínculos, con la imagen falsa de que “están en igualdad de circunstancias”.

3.- En el siguiente episodio de violencia, quien tiene que defenderse, además, puede restringirse tratando de contener aquella “violencia” de la cual le hicieron creer que era responsable y esta restricción, pone en peligro su integridad física y su vida.

Segundo ejemplo: Cuando los aparatos de Estado reprimen una manifestación social, los medios difundirán que hubo un enfrentamiento violento entre quienes se manifestaban y los cuerpos represivos. Habrá imágenes de participantes lanzando piedras, bombas molotov, portando un machete o rompiendo un cristal y la lectura social será “¡Qué violencia!”. Sin embargo, un análisis de las relaciones de poder nos permite conocer que, generalmente, las manifestaciones sociales responden ante violencias- imposiciones y abusos de poder del Estado, de las cúpulas del poder político y económico-, es decir son reacciones ante violencias concretas.

En estos contextos, quienes tiene la tarea de reprimir físicamente portan uniformes de protección, armas, escudos, tecnología a su disposición y bastante inmunidad para las prácticas que comentan. Quienes participan de los disturbios no cuentan con esos elementos y es mucho más probable que terminen herides en prisión.

Basten, por ahora, estos dos ejemplos, para ilustrar cómo es conveniente políticamente para los sistemas opresivos que nos cueste distinguir entre violencia y defensa,

Concluyo, hoy, este primer texto introductorio.

Violencia, no es lo mismo que defensa y autodefensa, violencia es siempre un uso excesivo o abuso de fuerza o de poder.

martes, 8 de agosto de 2017

DE: “APUNTES SOBRE LESBOFEMINISMO: NOTAS SOBRE SEPARATISMO”


Patricia Karina Vergara Sánchez

pakave@hotmail.com

Es importante comenzar por plantear que cuando decimos “separatismo” no estamos aludiendo a un sustantivo meramente designado para indicar acciones que segregan o dividen, la palabra refiere a movimientos políticos históricos, radicales en su mayoría, con un objetivo de independencia respecto de un régimen político.

Algunos de ellos se han manifestado de forma pacífica y otros con actos de autodefensa, anticoloniales e, incluso, considerados violentos. Hay movimientos separatistas que tienen coincidencias y otros que tienen posturas ideológicas contrarias entre sí. Así mismo, en el momento histórico en que se escriben estas líneas, hay movimientos vivos separatistas creando polémicas y distintos posicionamientos en el mundo. Baste con mencionar los procesos en Cataluña, El País Vasco, el Tíbet, Quebec y Kurdistán, entre otros. En el Abya Yala, en Brasil y Bolivia, al menos, hay propuestas en desarrollo por autonomías territoriales.

Si bien, las manifestaciones del pensamiento separatista son diversas, como se menciona líneas atrás, una primera definición muy básica de separatismo se refiere, concretamente, a la búsqueda de autonomía política, persigue la autodeterminación de un territorio o comunidad y lo que esto implique en contextos específicos.

En cuanto a las primeras vinculaciones entre el feminismo y el separatismo, ocurrieron en las décadas de los sesentas y los setentas. Se consideraba el separatismo más una táctica que un fin. Da cuenta de ello la introducción a la obra ya clásica Feminismo Primero, de 1978. Ahí las autoras Kathy Ross, Katharine Hess y Jean Langford consideraban una necesidad imperiosa el distinguir los intereses de las mujeres de los intereses de los hombres: “No vamos a poner nuestra independencia política a un lado para dar paso a la unidad”, escribían. 


Para fines de los 80s, Marilyn Frye lo define de esta forma, en el ensayo Algunas Reflexiones Sobre Separatismo y Poder:


“Es una separación de varios grados o modos de los hombres y las instituciones, relaciones, papeles y actividades que son definidas-por-hombres, dominadas-por-hombres y que operan para el beneficio de los hombres y la manutención de privilegio masculino – siendo que esa separación es iniciada o mantenida, de acuerdo con su voluntad, por mujeres” (1988:6).

Por supuesto, la propuesta separatista trajo grandes polémicas con quienes ubicaban sus luchas políticas en propuestas dirigidas por hombres o de amplia incidencia masculina y, también, a quienes les parecía que no era útil para movimientos que se enfrentaban con el racismo o en la lucha de clases mediante estrategias colectivas mixtas, o, para quienes consideraban que no podrían transformar el mundo para las mujeres sin considerar a “la otra mitad”. (Sobre esos temas, sería interesante entrar a reflexiones conjuntas en notas venideras).

Estas situaciones dieron por resultado que el desarrollo de este lugar político estuvo vinculado con los pensamientos y actuancias lésbicas debido al constante cuestionamiento que desde ellas se venía realizando sobre la institución de la heterosexualidad. 

En Feminismo Primero, las autoras afirmaban:

“No se trata de aseverar que el lesbianismo es un estilo superior de vivir; se trata de cómo utilizar su potencial por una independencia política de los hombres” (Hess, Langford y Ross, 1980:8) …” La heterosexualidad causa urgencia muy grande (en las mujeres heterosexuales) hacia reformar a los hombres. Muchas veces el objetivo inmediato o futuro se vuelve en mejorar las relaciones sexuales con los hombres” (Hess, Langford y Ross, 1980:8).


Entonces, en las lesbianas estaba, no la característica, pero sí la posibilidad, de sustraerse a los mandatos de dependencia en un sistema que privilegia lo masculino. Tanto fue así que hoy es difícil imaginar el lesbofeminismo sin reflexiones separatistas y el separatismo sin el motor lesbofeminista.

Entrando a otro orden de ideas, es importante señalar que en el Abya Yala hay una herencia larga de lucha por la autodeterminación de nuestras comunidades. Destaco las historias escritas y orales sobre grupos y pueblos originarios en distintos puntos de la región que resistieron combativamente a la conquista y algunos otros que, ante el avance de los colonizadores europeos, se refugiaron en lugares de difícil acceso en el interior del continente y con ello garantizaron su autodeterminación por largos periodos de tiempo. Igualmente, es preciso recordar a las comunidades negras esclavizadas traídas a la región, que se rebelaron y pudieron construir resistencias en palenques o quilombos.

Igualmente, me interesa señalar las historias de mujeres que, tras ser violadas por los colonizadores europeos, se deshicieron del producto de la violación, en aquellos primeros gestos de insubordinación y autonomía y de aquellas mujeres que voluntariamente y pese al escarnio social, en distintas etapas de la historia se negaron a contraer matrimonio o a seguir imposiciones sociales, ya sea poniendo negocios propios, aprendiendo oficios no tradicionales, viviendo con otras mujeres, con sus madres y otras parientes o solas. Todas ellas como precursoras de posibilidades de vida dentro del mundo dictado por el patriarcado, pero en independencia simbólica, pese a su costo.

Cabe recordar que las nombradas resistencias de mujeres en estas tierras continúan cotidianamente. Por ejemplo, cuando mujeres de pueblos originarios o las descendientes de esas insurrectas se niegan-nos negamos a parir o a criar a los hijos engendrados por el patrón o por cualquiera que oprime, o cuando nos negamos a quedarnos sólo con la episteme hegemónica y recuperamos nuestros propios saberes. En el mismo sentido, ocurre cuando en o con los pueblos organizados se crean estrategias que cuestionan las lógicas imperialistas y colonizadoras del desarrollismo y el ideal capitalista de “progreso” o las luchas por autonomía, defensa de la tierra, del agua, de la riqueza de las propias lenguas y las propias definiciones y cosmovisiones.

De estas líneas convergentes: de las resistencias ancestrales de nuestros pueblos; del pensamiento lesbofeminista, con sus distintas fuentes europeas, estadounidenses; del feminismo que se nombró “de color” en otras décadas y de pensadoras regionales (aun cuando unas y otras, esperablemente, nunca han sido hegemónicas en el pensamiento académico ni en el de los movimientos sociales); y de las siempre pedagógicas prácticas concretas de nuestras abuelas, es que lesbofeministas del Abya Yala hemos alimentado nuestras nociones sobre la importancia y las formas de autodeterminarnos y de crear espacios de resistencia ante los sistemas opresivos. Así, al paso de los años, de maneras más públicas o en propuestas menos visibles, incluso semi o clandestinas, los ejercicios separatistas lésbicosfeministas en toda la región -y el mundo- han llegado hasta esta segunda década del siglo XXI.

En este punto, es necesario nombrar un auge de visibilidad de la propuesta separatista lesbofeminista que ha ocurrido en el Abya Yala en el lustro reciente. Se relaciona con la toma de conciencia, discusiones más públicas gracias al uso de las redes e intercambios y organización constante de micro-comunidades en nuestros territorios. 

Sin embargo, el embate reaccionario era de esperarse. La forma que ha tomado responde a nuestra era y a que nuestras poblaciones se encuentran bajo el dominio del relativismo cultural que todo lo engulle, lo despolitiza y lo pone al servicio del sistema neoliberal, en donde las propuestas más transgresoras terminan diluidas, sin espinas y con precio marcado en código de barras. Así, hay quienes dicen partir de la política separatista como una excusa para hacer fiestas donde se privilegia la asistencia de mujeres (y sus amigos); para venta de productos y servicios varios “hechos por mujeres” o “entre mujeres” e, incluso, para asambleas de partidarias políticas. 


De esta forma, el separatismo y su potenciación lesbofeminista está en vías de convertirse en un producto más de consumo del feminismo que han llamado liberal, al servicio del beneficio individualista, que se conforma con consumir lo que suene a “rebelde”, que no es necesariamente un ejercicio de autonomía, mucho menos revolucionario.

Por ello, en esta breve nota señalo que:

1.- No todos los espacios de mujeres, o sin hombres, son espacios separatistas.

El patriarcado ha asignado históricamente espacios designados para las mujeres. Algunos de castigo o de aislamiento, como en muchos casos fueron los conventos de monjas. Otros, destinados para la realización de los trabajos socialmente asignados a las mujeres, de los cuales incluso se regodea en sus discursos: “las mujeres a la cocina”. No obstante, que la resistencia real y simbólica de las mujeres ha logrado resignificar algunos de ellos, convertirlos en refugio y hasta en lugares de alianza y/o donde explorar nuestra creatividad. Sin embargo, aun cuando los reivindicamos por la experiencia de resistencia que implican, no son lugares de autodeterminación.

2.- No todos los espacios no mixtos son separatistas.

Cuando las mujeres elegimos reunirnos entre nosotras, bailar y cantar entre nosotras, hablar para nosotras, reconocernos y debatir desde nosotras, sin la tutela masculina: Es un espacio político, sea explicitada o no esa politicidad, y es una pedagogía excelente organizativa para las sociedades enteras. Pero, no es un espacio separatista cuando no contempla un proyecto de cuestionamiento al régimen político que impone la obligatoria relacionalidad entre hombres y mujeres fuera de esos espacios acotados.

3.- Hoy, cuando las lesbofeministas y aliadas nos planteamos separatistas, lo estamos haciendo desde la expresa propuesta política de independencia de un régimen político opresor -Porque esa apuesta independentista es el sentido potente del separatismo-.

Ya no consideramos a la heterosexualidad una institución solamente, si no que reconocemos su lugar fundamental en la estructura del sistema mundo patriarcal. El régimen político de la relacionalidad socioeconómica sustentada en la obligación sexoafectiva y parental entre los hombres y las mujeres.

Sobre todo, es precisa la independencia de la heterosexualidad obligatoria, de la compulsión socioculturalmente creada en las mujeres a vivir siendo el complemento y en el cuidado no recíproco del otro, de los otros. Cadenas que pesan expresamente sobre aquellas con cuerpos con presunta capacidad paridora. Es decir, sobre los cuerpos a los que, al nacer, ya que sus características anatomofisiológicas parecían posibilitar el engendrar y parir al crecer y, por lo tanto, socialmente, se les prospectó el destino de madres, fueron asignados cuerpos del sexo femenino. Cuerpos sobre los que desde la primera infancia se asignan culturalmente y físicamente tareas de cuidados y de servicios que sostienen gratuitamente al sistema político y económico.

Ante lo expuesto, la propuesta separatista construye ideas, artes, espacios físicos, virtuales y simbólicos de mujeres que han dado la vuelta a esa construcción de “mujer” sobre el cuerpo en donde se ha prospectado la capacidad de parir y la obligatoriedad de servir, para reivindicarlo en el lugar de esta historia de resistencia política. Desde aquellas que fueron asignadas servidoras en el patriarcado, que han resistido y, finalmente, le han disputado su cuerpo -su cuerpa ya- y desde la autodeterminación han creado otras subjetividades para encontrarse, acompañarse y aliarse entre ellas, entre nosotras.

A diferencia de otros separatismos en la historia, nosotras no tenemos una tierra que nos unifique o acoja. Hace milenios que fuimos despojadas de tierras propias y estamos cotidianamente a merced de los embates de quienes cuestionan, temen, buscan asimilar nuestra mirada o de quienes, en franco antagonismo, amenazan con destruirnos, lo cual es posible en los contextos femicidas en que habitamos.

A pesar de ello y a causa de ello, hay para quienes nos parece completamente dotada de sentido la necesidad de pensarnos, en nuestras micro-comunidades, las posibilidades de nuestra autonomía, prácticas políticas de independencia y estrategias concretas.


Por ahora, desde el separatismo lesbofeminista contemporáneo, en el Abya Yala contamos ya con nuestras propias comunidades, las que dan el continuum lésbico y que construyen nuestras existencias lesbianas. Igualmente, reinventamos a diario la lengua propia que nos permite reconocernos entre nosotras…

Fin de la primera nota de “Apuntes lesbofeministas”.


Frye, Marilyn. (2012). Algunas Reflexiones sobre Separatismo y el Poder. Difusión Feminista Herética Ediciones Lésbicas y Feministas Independientes. Argentina

Hess, Katharine; Langford, Jean y Ross, Kathy. (1980) Feminismo Primero. Ed. Tsumami. USA

SOBRE AMOR ROMÁNTICO, LESBOFEMINISMO Y FORMAS DE LESBOFOBIA

Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

1.-Cuando hablamos del amor romántico, hablamos de una construcción social que desde hace unos cuatro-cinco siglos viene sirviendo para edulcorar las relaciones de apropiación del cuerpo de las mujeres para labores domésticas de cuidado y crianza y que, además, sean adornadas con la cintilla rosa de que todo ello lo hacemos por amor. Y por amor, el amor romántico, los hombres se convierten en el caballero del cuento -según los recursos a su alcance- el proveedor y rescatador de la princesa. Y, por amor, la princesa -según los recursos a su alcance- se “entrega”, se "sacrifica" y “luchará” por ese amor. Por amor se renuncia, por amor se espera, el amor todo lo puede. Por amor, las mujeres vemos en otras a posibles rivales -incluso a la suegra y a la cuñada- no nos aliamos, disputamos por quién habrá de ser la elegida, la más querida, la preferida, aunque sea simbólicamente, aunque el varón no esté presente. El amor romántico es la construcción de las mujeres en la competencia, en la enemistad, el sujeto que busca ser “la deseada". La princesa elegida y rescatada de las fauces del dragón. Tiene ese amor, así, a las mujeres sometidas al cuento de la heterosexualidad obligatoria y al sueño de corresponder al príncipe azul para siempre. Ese es el amor romántico que las feministas y lesbofeministas criticamos. 
El amor como opio de las mujeres, diría Kate Millet.
2.-Las rosas, los nombres de pastel o la cena a la luz de las velas no son el amor romántico, aunque le sirven muy bien de parafernalia al amor romántico. 
Las rosas no son las culpables de la manipulación, pero, además de ser una industria muy provechosa, cuánto sirven, por ejemplo, para “marcar territorio” al mandarle rosas a una mujer en su espacio laboral, cuánto sirven para hacerse perdonar, cuánto para simbolizar ese amor de renuncia.
El nombre de pastel, los nombres privados, puede bien ser un juego, pero cuando llama en diminutivo, cuando es posesivo y monogámico, cuando infantiliza, qué tipo de subjetividad dentro de las relaciones va construyendo. 
Las velas y la cena sazonada no son el problema en sí, si no lo que se construye alrededor del cliché, la expectativa, la exigencia, el chantaje o la obligatoriedad de responder de tal o cual manera a la luz de esa vela. 
El viaje, la noche estrellada, la tarde en el parque o la herencia y las cuentas de banco a nombre del beneficiario no son el amor romántico, pero sí algunas de las posibles herramientas de control que le sirven bastante bien.
3.-Por otro lado, las relaciones no heterosexuales, aquellas que buscan emular el modelo heterosexual, también están plagadas del amor romántico, por supuesto. Es más, los discursos LGBT parecen competir por el nivel de toxicidad dulce romántica que pueden esgrimir, pareciera que para ser “aceptades”, “incluides”, “reconocides” en la “diversidad”, es necesario demostrar cuan similares o incluso más apegades al modelo romántico se puede resultar. 
Es decir, no es una alianza ni amor de aquellos que resisten al régimen heterosexual, si no de parejas que se esfuerzan por demostrar cuan funcionales al modelo de sumisión y abstraídos une en otre se puede resultar y ahí tenemos a la “comunidad” diversa desesperada por demostrar que puede tener bodas de ensueño, casas hermosas y criar niños y niñas, perros y gatos respondiendo a los moldes más disciplinantes y melosos del amor romántico.
Un par de décadas de críticas sobre ello ya están escritas. 
4.- Las lesbianas, por supuesto que repetimos el ideal romántico, Siempre recuerdo aquella obra primera “El Pozo de la Soledad” donde la protagonista “deja ir” a la amada para que pueda tener un hijo y un esposo y toda la vida que ella no le pude dar…y de ahí a L Word y a todas las series y obras contemporáneas que modelan nuevas generaciones de consumidoras de amor romántico (y modelos de vida colonial de paso). El amor romántico aquí se repite porque no es alianza política entre las protagonistas de tantas historias, si no encuentros que responden a los modelos ya establecidos de ese amor.
5.-Todas estas reflexiones, sin detenernos a profundizar, además, en que el amor romántico implica, también, formas de violencia que van de la manipulación y el chantaje al feminicidio, no como otra cara de la moneda, si no como material continuación de la relación romántica en donde une es propiedad de otre…
6.- Dicho y teniendo presente lo anterior, preciso que hablo desde otro punto: cuando dos o más mujeres que dada sus anatomofisiología al nacer fueron destinadas a poner sus afectos, servicios y cuidados en la heterosexualidad obligatoria y que se han rebelado a ello, se relacionan entre sí, negándose al cuento del amor romántico; cuando esas mismas mujeres no se someten al cuento de la familia feliz en la diversidad sexual; cuando desde un lugar de desobediencia política estas mujeres construyen proyectos -sexuales o no- en conjunto y se declaran afecto, amor y/o ternura entre ellas, entonces, no se trata de un amor romántico. Es, exactamente, el amor desde el desacato a la sumisión de unas y otras, es el amor insumiso a la forma de amor construida en el patriarcado.
7.- Entonces, que miradas desde la heterosexualidad o pseudo críticas vengan a decir que debemos renunciar a proponer el amarnos entre mujeres, al amor entre mujeres, a dejar de hablar, escribir o versar sobre la forma en que nos amamos porque es caer en el romanticismo… Desde la hegemonía vienen a decir por qué deberíamos silenciar nuestras manifestaciones. ¡Ja! Se llama lesbofobia y no es nada nuevo ni crítico.
8.-El patriarcado, ha hecho un gran trabajo, esmerado, por mostrar lo imposible que es el amor entre mujeres, las múltiples formas de amor entre mujeres. Sería demasido largo un recuento de cuántas veces y en qué formas han intentado invisibilizar nuestras reflexiones, borrar o disimular nuestras escrituras, eliminar nuestros nombres. 
Sin embargo, caray, algo muy poderoso debe de haber que aún con su censura, aún con el patriarcado convertido en soldaditos a su servicio, vigilantes de lo que hacemos o decimos, no logran arrancarnos la ternura que sentimos entre nosotras.
9.- No estamos exentas de caer en discursos románticos, en tanto humanas y en tanto habitantes y receptoras del discurso hegemónico, cierto. Sin embargo, dado que el amor lésbico, dado que el amor entre mujeres -sexual y no sexualmente explícito- sigue siendo un tema sancionable-censurable criticado por las mentes más conservadoras, intentado convertir en mercancía por las industrias y, aún, intentado silenciar por las vocecillas del patriarcado progre; sumado todo ello a que seguimos necesitando el rescate de genealogías y la gestión de referentes de nuestras ternuras y amores desobedientes:
Seguir hablando, escribiendo, dibujando, creando desde nosotras, entre nosotras, para nosotras y de nuestras formas de amarnos es un acto de radicalidad política necesario.
Por lo tanto, si alguien le incomoda: quítese, no estorbe que estamos ocupadas.

martes, 23 de mayo de 2017

LLAMADO LESBOFEMINISTA

Patricia Karina Vergara Sánchez
Pakave@hotmail.com

Este mensaje es para recordarles y/o contarles a otras afines, que mis compañeras de la colectiva Lunas, Lesbofeministas y yo, estamos trabajando políticamente a partir de un análisis teórico político de los sujetos producidos por esta era y su lugar en el sistema de producción y consumo.
Reconocemos cómo los cuerpos sexuados sobre los que se presume que tienen, han tenido o tendrán capacidad paridora[1] son confinados al trabajo productivo y reproductivo que sostiene económicamente al sistema-mundo. Esto es, que además del trabajo en el mercado de producción, desde recién nacidas y sexuadas se nos confiere el trabajo de cuidados, limpieza, atención, servicios sexuales, de afecto y de crianza que son los que sustentan materialmente la vida cotidiana y el trabajo en los sistemas contemporáneos de producción industrial y postindustrial.  
Para con-vencernos de hacer este trabajo, incluso de forma alegre, comprometida y tiernamente, se nos ponen lo grilletes que llamamos “heterosexualidad obligatoria” y “amor romántico”; se nos construye rivales y en aislamiento a unas de otras para que no podamos organizarnos ni resistirnos y se imponen tremendas violencias cotidianas como efectivas pedagogías para el sometimiento que nos convierten en las servidoras ideales de este sistema.
Desde la reflexión lesbofeminista apostamos por una rebelión material y concreta a estos servicios, nos convocamos al afecto y cuidado entre nosotras y a la creación de estrategias que nos liberten de los grilletes y de las lógicas que nos apropian, llámense apropiación individual con los servicios de cuidado o apropiación colectiva como ocurre en los mercados de trabajo o en los mercados que cosifican nuestros cuerpos, nuestros dolores, saberes o experiencias y los convierten en productos comerciables.
Para poder organizarnos es necesario encontrarnos con otras que comparten el reconocimiento de este lugar estructural y que comparten, también, la rabia digna insumisa que se niega a la apropiación de nuestros cuerpos y de nuestras vidas.  Por ello, nos llamamos a estudiar, debatir, crear alianzas y accionar.
No nos basta la resistencia, es preciso transformarlo todo.
Si te interesa saber más sobre nuestro proceso lesbofeminista, nos vemos este domingo 28 de mayo de 2017.




[1] Cuerpa con presunta capacidad paridora, tomado de: https://www.laquearde.org/2017/01/07/sin-heterosexualidad-no-hay-capitalismo-karina-vergara/

viernes, 28 de abril de 2017

LA CARNICERIA

©Patricia Karina Vergara Sánchez
pakave@hotmail.com

Desde donde yo sé la historia, es desde lo que pasó con la abuela Berta, pero seguro que más antes habían pasado otras cosas, sólo que esos sucesos no me los refirió nadie. Entonces, te cuento desde aquí y rapidito -que se acaba el tiempo-, al menos eso tienes que saberlo, de cómo fue con la abuela Berta y lo que vino después:

Ella había recién parido a mi tía Silvita. Vino el patrón, ella no alcanzó a cubrirse con el rebozo y él vio esas tetas repletas de leche. Se llevó a la abuela Berta para que le amamantara al hijo. Que a la Silvita le dieran atole o cualquier cosa pa´ que comiera, ¿a quién importaba? 

No vayas a creer que el patrón era un salvaje, no. No se la llevó a la fuerza, la abuela Berta cuenta que dijo que sí porque le darían un montón de pesos y porque quién dice que no al patrón.

Cuando el niño Robertito, el hijito del patrón, dejó de necesitar nodriza y quien lo meciera y le limpiara la caca, regresó la abuela Berta a la casa. Traía medio herido el corazón porque dejaba al niño Robertito -que ya lo quería como suyo- y porque la tía Silvita ya no la reconocía y, la verdad, Berta tampoco se hallaba con ella.

Ya nadie se acuerda de qué hizo la abuela con el montón de pesos que dice que le dio el patrón. Ella, a veces, trata de recordar y se imagina que pudo mandar poner el cobertizo de las gallinas que se cayó en el año cuando fue la tormenta grande, esa que dejó tanto destrozo.

Cuando Silvita cumplió los 9 años, vieron los patrones que era buena para el trabajo y se la llevaron para que en la casa de ellos trajera el agua, barriera, trapeara y se acomidiera. La patrona, encantada, siempre exclamaba: ¡Es de piernas fuertes, la muchacha, nunca se cansa! 

No vayas a creer que la obligaron, la tía Silvita se fue porque le ofrecieron sus buenas quincenas, también porque le dijeron que comería de la mesa del patrón y porque la familia necesitaba el dinero y porque quién le dice que no a la patrona.

Cuando Silvita se hizo vieja y se cansaron sus piernas que nunca se cansaban, la mandaron de regreso a casa y no comió más las sobras de la mesa que no le pertenecía.

Con lo que ahorró Silvita, de sus buenas quincenas, compraron una máquina de coser para su hija Florencia que se hizo costurera y ayudaba a los gastos de la casa mediante los vestidos que les cosía a las hijas de las señoras que podían pagarlos. -Vestidos bonitos de verás-, y, vieras, ponían re contentas a las niñas blancas del pueblo.Cuando tenía 17 años, la prima Sol decidió que no se acabaría sus ojos, como se acabaron los de su hermana Florencia, cosiendo para otros, ni serviría en la mesa de la señora, que las maltrataba tanto. Ella había escuchado a alguien en la ciudad que le dijo que sólo tenía que vestirse linda, sonreír y compartir alegres caricias. Con eso, ganaría mucha plata. 

Robertito, que en ese tiempo ya lo conocíamos como Don Roberto, la visitaba muy seguido. 

No vayas, mi niña, a creer que era malo Don Roberto con ella, no. La gente cuenta que a otras en la ciudad les pegaban o les hacían cosas malas, pero de Don Roberto y otros señores, dicen que a Sol le dejaban bien buenas propinas. 

Todo fue hasta que los senos de mi prima dejaron de oler a fruta fresca y sus caricias dejaron de ser bien pagadas por Don Roberto y por sus amigos. Los del negocio encontraron otras favoritas, dicen que bien jovencitas, casi niñas. 

Nadie sabe qué pasó con toda la plata que cuenta Sol que ganó. Ahora trabaja en la maquila y sigue sin poder decir que no, a las órdenes del patrón.

A mi hermanita Frida, le dijo Don Roberto que era bien lista, que la iba a mandar a la escuela, para que aprendiera y para que se superara. Toda la familia estaba tan agradecida. Qué considerado y grande era nuestro amigo Don Roberto que apoyaba a la niña en sus estudios. Ella estudió retemucho, se esforzaba más que ninguna. Sacó buenas calificaciones y mención honorífica cuando acabó la escuela. Ella quería irse a otro país y estudiar otras cosas, pero Don Roberto necesitaba alguien leal en su empresa, ¿cómo decirle que no, si fue siempre tan generoso? Frida lleva las cuentas, les enseña a los hijos de Don Roberto, que son rete flojos, cómo hacer las cosas para que sigan ganando dinero. Frida no viaja, ni ve a su madre, ni sonríe porque de tanto trabajo nunca tiene tiempo de nada. Pero agradecida sí está porque Don Roberto le ha dado tanta oportunidad.

A Lucia, la hija de Florencia, le ofrecieron un dineral por llevar en la panza un hijo para unos señores de otra parte del mundo que podían darse el lujo de un capricho de esos -un niño mandado a nacer, por contrato-. Ella se nos murió con un hijo que no era suyo atorado en su útero en ese mal parto.

Nadie dio ni el dineral prometido ni tantito consuelo a los niños que sí eran de ella.

Tampoco, nadie la obligó a Lucia, tienes que ver eso, había dicho que sí porque era madre soltera con tres chicos y, así, quién dice que no a un cheque bien gordo -ése que supuestamente le darían, pero no llegó- y porque quién dice que no, si, según, esa es una forma de ser libre, dicen las convincentes nietas universitarias del patrón.

¡Ay, hijita mía, mecida en estos abrazos míos!, ¿qué será de ti? 

Todo lo tuyo les apetece: tus senos, tus piernas, tus ojos, tus manos, tu sonrisa, tus caricias, tu vagina, tu mente, tu vientre, ve tú a saber qué más…No tienen llenadero, siempre quieren más. 

Se relamen mirándote desde apenas nacida. Afilan los dientes y los cuchillos como cuando ellos mandan engordar a un pequeño lechón para la fiesta. El día en que te parí alguien puso fecha para el día en que querrán atraparte. 

Nos vienen devorando hace tiempo. No sé para dónde podrías fugarte, no sé en dónde estarías a salvo. Como las vaquitas del abuelo de Don Roberto, nacimos ya en cautiverio y no sabemos para dónde queda la libertad. Si nos abren la puerta nos desorienta el destello del sol. 

Tampoco tengo nada para heredarte, nada que te puedas llevar, ni tengo un mapa ni plan de escape para ti. Sin embargo, así y todo, te lo tengo que pedir: ¡huye, hija, vete, a dónde sea! 

¡Tienes una única oportunidad! ¡Intenta, intenta, busca ponerte a salvo de su mandíbula cruel!… ¡Corre!, ¡corre!, ¡corre! No hay tiempo, que ya vienen a buscarte a ti. Si no escapas ya, te van a atrapar… 

Vete, te lo ruego, vete, ¿qué vamos a hacer?, ¿quién puede detenerles?, ¿quién puede decirles que no?

miércoles, 5 de abril de 2017

¿QUÉ HACE ESE HOMBRE EN EL VAGÓN DE MUJERES EN LA CIUDAD DE MÉXICO?

Patricia Karina Vergara Sánchez

pakave@hotmail.com


Una escena cotidiana: un día laboral cualquiera, en la mañana, cuando tanta gente se desplaza para llevar a cabo sus labores diarias. En la sección de insuficientes tres vagones del metro o del espacio del metrobús destinado exclusivamente a mujeres, niñas, niños y personas con discapacidad, viaja un hombre. Probablemente sea de piel morena, como la mayoría de las usuarias del transporte; puede ir de pie o sentado, poco importa cómo se coló. 


Tampoco importa si viste una playera con estampado infantil o una camisa planchada y corbata. Está ahí mientras otras usuarias, muchas de ellas portando zapatos de tacón o con bebés en brazos no pueden acceder porque no queda espacio para ellas. Está ahí, también, aunque sobre espacio. No hablo del acosador que mira, dice o toca obscenamente, aun cuando también puede serlo, hablo del hombre que insiste en estar en esa zona. No importan las condiciones o interpelaciones, permanece.


¿Qué impide a muchas de las pasajeras confrontarlo? ¿Por qué tantas guardan silencio ante su presencia en un espacio destinado a las mujeres?, ¿por qué casi nadie hace patente que esa es una zona que con tanto trabajo han obtenido quienes trabajan por acciones afirmativas y que no ha sido una amable concesión del Estado, sino una necesidad para miles de trabajadoras, estudiantas, y mujeres de actividades varias que nos trasladamos a diario y que necesitamos paliar, aunque sea un poco, el tener que sobrevivir entre palabras, miradas, tocamientos y otras violencias que ocurren sobre nuestros cuerpos en esta ciudad en donde el acoso y la agresión sexual parecen ser algo “inevitable” porque ocurren constantemente?

Responderé: Ese hombre ocupa un sitio en el vagón de mujeres porque puede. Porque la violencia siempre es un ejercicio de poder[1]. Su presencia en el vagón de mujeres es una forma de violencia que podría parecer pasiva, pero no lo es, se trata de una violencia netamente activa. 

En la cultura en la que habitamos hay múltiples lenguajes no verbales, pero que obedecen a nuestras vivencias cotidianas, por eso, aunque aún es preciso visibilizarlo, sabemos que está ahí como una demostración de poder; porque desea imponer su presencia sobre las otras; porque sabe que casi nadie se atreverá a confrontarlo; porque su presencia ya irruptora, su corporalidad y los significados de la masculinidad sobre ésta, sumados a la historia de violencia permitida y cometida por los hombres en los espacios públicos amedrentan a las mujeres en general, el temor a las respuestas masculinas “si se enoja”.


También, porque sabe que, si alguna se atreve a confrontarlo, la mayoría guardará silencio actuando bajo el temor al conflicto o bajo la apatía contemporánea del no involucramiento, en el mejor de los casos. 


En tanto, él dispone de todo un bagaje de lenguajes; ya sea de chantaje que más o menos querrá significar: “no hago nada malo aquí”, “no te estoy molestando”, “vengo tranquilo”, como hacen los violentadores en los espacios íntimos, negando el peso de su actuar. Se trata de gaslighting[2], una forma de abuso psicológico que consiste en hacer dudar al entorno o a la víctima de su propia percepción. En este caso, el agresor intenta culpabilizar a aquella que lo señala por la irrupción en el espacio que debería ser de seguridad.

La otra posibilidad es que use desde lenguajes no verbales hasta explícitos o físicos en donde agreda a quien se atreva a señalarlo.


En cualquiera de los dos casos el mensaje es concreto: “Estoy demostrando que puedo quedarme, aunque a las mujeres les incomode” -más probablemente, porque nos incomode-.

Incluso, hay argumentos en donde enuncian estar cometiendo algún tipo de acto heroico por negarse a ser “exiliados” o “discriminados”, según la egoísta lectura que hacen de una acción afirmativa. En donde lo que les preocupa es que no se les niegue ningún espacio -todo el mundo para ellos-, en donde no importa el acoso que otras sufren, lo primordial es que ellos se ofenden de que le pudieran considerar entre los acosadores -imposible, ¿no?-. No importa que las mujeres nos sintamos o no a salvo, cómo nos atrevemos a querer estar cómodas sin ellos. Nada nuevo, los gestos de egoísmo de cualquier narcisista que sólo mira para sí.


Un instrumento más de violencia con el que cuenta el agresor, es con la certeza de que alguna o algunas mujeres habrán de defenderlo. Algunas dirán que no estaba haciendo nada, porque el gaslighting funciona y es difícil demostrarlo. Otras, enseñadas en la necesidad de aprobación masculina, querrán congraciarse con él.

Cualquiera de esas defensoras narrará que hay otras mujeres que empujan y son agresivas en el transporte público, que son iguales o peores que los hombres. Sin embargo, una siempre puede sospechar de que, a pesar de sus quejas, ellas eligen, de todos modos y a todo costo, viajar entre mujeres y no en el espacio mixto, ¿por qué será?

Aquí, es posible identificar otra técnica de violentador: el que violenta en privado busca la manera de aislar a la víctima, hacerla ver como mala, tonta o agresiva para que no tenga aliadas alrededor. Así es como en la violencia del ámbito de lo “privado”, la agredida se encontrará juzgada por la vecina, por la colega, por aquella a la que enseñaron a ser la rival. De igual manera, el violentador del transporte público cuenta con la enseñanza cultural que atomiza, enemista a las mujeres y hace ver a la que reclama como la loca, la histérica, la exagerada. Como nadie quiere ser esa, otras mujeres se apresuran a señalarla -no sea que se piense que es del mismo tipo de mujer- o, a corregirla para que sepa que no puede-debe ser tan agresiva, ¿Cómo se le ocurre querer un espacio propio? Lo logra, así nos deja aisladas.

Más aún, cuando son las novias, las esposas, las amigas con las que ese hombre llega a ingresar al transporte público, no tiene más que hacer un gesto de incomodidad, no tiene más que mirarla dulcemente o abrazarla con intensidad. Automáticamente, tendrá la palabra, la furia y el cuerpo de esa mujer para protegerlo, para convertir en antagonistas a unas y a otras, y, para enseñarle a ella, a su defensora, que no cuenta con nadie más en el mundo porque las otras mujeres son malas -con él-. Eficaz pedagogía para dejarlas y dejarnos solas.

Entonces, un hombre en las zonas de mujeres del transporte público, lo que está haciendo es violentar, incluso “castigar” a las mujeres que salimos a la calle. Su presencia puede equipararse desde la violencia que ejercen en “lo privado” trasladada al espacio que nosotras consideramos público. Así, como todo acto de transgresión del espacio personal, el acto de transgresión del espacio colectivo de las mujeres, no es un acto incidental, es el lenguaje intencional de un agresor de mujeres y que el fenómeno ocurra cotidianamente con impunidad, vuelve esa acción más ofensiva. 

Ese hombre, el narcisista público, lo que hace, es encarnar la cultura de misógina, transgresión e imposición hacia los cuerpos y las vidas de las mujeres que impera en esta ciudad.


[1] Universidad Veracruzana. VIOLENCIA Y AGRESIVIDAD https://www.uv.mx/cendhiu/general/violencia-y-agresividad/


[2] Pozueco y Moreno (2013). LA TRÍADA OSCURA DE LA PERSONALIDAD EN LAS RELACIONES ÍNTIMAS en Boletín de Psicología, No. 107. España, pp 21-91

martes, 4 de abril de 2017

SOMOS LAS NIETAS...

Es cierto, somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar, de las campesinas que escaparon a la esterilización y de las presas politicas que pudieron sobrevivir. Sin embargo, compartimos mundo con las nietas del inquisidor, del soldado y del patrón. Ellas también hablan de feminismo y tienen ongs y diplomas de universidad. No podemos cerrar lo ojos con vendas de "sororidad", si queremos sobrevivir. Eso también lo enseñaron nuestras abuelas.

miércoles, 29 de marzo de 2017

OTRO AÑO DESDE AQUÉL VIERNES SANTO

Patricia Karina Vergara Sánchez
Pakave@hotmail.com

Las cuatro habitábamos en la misma calle. Cada una vivía en una casita de interés social. Pasábamos el día asomadas a nuestras ventanas, como hadas encantadas, esperando el atardecer para que su luz trajera el hechizo y saliéramos a jugar, a comer dulces, a charlar.

Crecimos juntas. Cuatro niñas de 8 años jugando con las muñecas; cuatro chicas a los 12 haciendo competencias en las bicicletas; cuatro que a los 14 discutían por quién tenía la blusa más linda. A ti, Lorena, te mataron cuando teníamos 17.

La gente del vecindario se indignó e hizo asambleas y tuvo miedo. Sin embargo, sólo quedó una cruz en la esquina, junto al farol, como el eco de algo muy temible, pero lejano.

Un día tu madre, tu padre y tu hermana cerraron la casa y se marcharon para no volver. Desde entonces nadie pronuncia tu nombre.

¿Cómo explicar tu ausencia permanente?

¿Cómo explicar 20 años en donde diariamente no estás?

No fue el féretro cerrado, que era apenas un sueño siniestro y sin sentido. Para mí, fue cuando tuve que recorrer en silencio la ruta diaria hacia la escuela. Eran los mismos pasos que el lunes anterior habíamos recorrido y tú no podías andarlos más.

Fue, también, que estuviste ausente de la que hubiera sido nuestra fiesta de graduación.
Y, no estabas para comprar esos libros que soñamos tener al ser mayores.
Nunca fui a tu boda, ni te abracé cuando el mundo cambiaba. 

Fue cuando Martha se convirtió en la primera de nosotras en tener una hija y no le diste la bienvenida a esa beba, que era una de las nuestras, de esa pequeña manadita nuestra.

Luego, nació la niña de Valentina y después la mía y tampoco estuviste ahí.

Cuando pasó el tiempo, tu hija hizo falta corriendo con las nuestras por el mismo pavimento en donde nosotras, a su edad, dibujábamos flores y escribíamos con gis los nombres de los países a los que teníamos que viajar algún día.

Muchas veces me pregunto si mi hija alguna vez habrá sentido la falta de la caricia que nunca pudiste darle, si extrañará a esa amiguita que nunca llega a la fiesta de cumpleaños y que no tiene nombre porque nunca pudiste elegir si querías o no hacerla nacer.

¿Un día mis nietas sentirán que les faltan tus nietas creciendo lado a lado, haciéndose compañía?

Así estamos. Así estoy, pues, Lorena.
Sin nombrarte a diario, pero sintiendo constantemente que faltan tus pasos por el camino; tus risas en las fiestas; tus abrazos en los duelos; tus proyectos y los nuestros compartidos.

Estoy huérfana de verte ingeniera o pintora y cada vez que escucho tu canción, me haces falta para contarte, cuántos de nuestros sueños se hicieron o no ciertos. Cuántos de los tuyos arden de saber que sólo fueron palabras de una niña que se quedó niña para siempre, sin llegar al día siguiente.

Hace 20 años fuiste un escándalo en los diarios locales. No pudiste saber que se volvió pesadilla generalizada, 20 años después, aquí, en Cuautitlán Izcalli y en este mismo Estado de México en donde tú y yo crecimos, asesinan y desaparecen niñas todos los días, tantas que los diarios no se dan abasto para contarlo. 

Así estoy hoy, poniendo palabras a este duelo por ti, por nosotras, pero también por todas las generaciones que vienen huérfanas –esa orfandad que yo me sé-. Les hará falta quién habría sido la compañera en la marcha, de la que habría sido la abogada, de la que sería la vendedora de frutas, de la sonrisa en el camino, de todas las promesas postergadas infinitamente en cada ausencia.

Cuánto extrañar, cuántos abrazos vacíos, cuántas, cuántas…

martes, 7 de marzo de 2017

LAS LESBIANAS RESISTIMOS Y EXISTIMOS



Patricia Karina Vergara Sànchez
pakave@hotmail.com

En los últimos meses, en la región, hemos hecho visibles mediáticamente los asesinatos lesbofóbicos en Chile de Nicol Saavedra, de Jessica Patricia González Tovar en México, de Marcela Crelz en Argentina.
A Estefany Stefanell Pérez lesbiana de Colombia, luego de ser acribillada, le agredieron el cuerpo bajándole los pantalones para “comprobar” que su cuerpo era de mujer.
Al recuento de estos lesbicidios habría que sumar la violencia lesbofóbica psicológica, verbal y física vivida en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia hacia dos lesbianas estudiantas por parte de alumnos de primer semestre Luis Alejandro Parada y Camilo Andrés Cardona; habría que contar que en diciembre pasado despidieron a dos mujeres aspirantes a la Policía Metropolitana en Buenos Aires porque sus compañeros difundieron una foto de ellas besándose, cuando a dos heterosexuales que se besaran no les habrían sancionado y mucho menos en tal magnitud. Fran Petersen, reina del Carnaval en Brasil, en este momento continúa siendo objeto de ataques lesbofòbicos en redes por visibilizar su relación lésbica.
Además de los múltiples reportes de tratos lesbofóbicos en librerías, cines, restaurantes, bares y espacios públicos en Perú, México, Chile, Brasil y Argentina.
Estos son los casos visibles mediáticamente, y ni que decir de las violaciones "correctivas" a lesbianas en la región. Así mismo sabemos que hay un subregistro de la lesbofobia y sabemos, también, que las situaciones de lesbofobia cotidianida sólo son registradas para nuestros entornos inmediatos.
Nos están asesinando y la justicia patriarcal encarcela a la que se defiende, como es el caso de Higui en Argentina, que desde octubre de 2016 está presa por defenderse de diez hombres que intentaron violarla. En legítima defensa, Higui dio un puntazo a uno de sus agresores y luego, ante amenazas de empalamiento y mientras la seguían golpeando, cayó inconsciente. Despertó procesada por homicidio.
Es necesario nombrar la violencia lesbofóbica en todos sus rostros, hay que hacer ver cómo intentan acabar con nosotras.
Hay quienes quieren acabar con las lesbianas desde muy diversos frentes de la heterosexualidad obligatoria. Intentan acabarnos, sí, físicamente, como ya lo mostramos, cuando desde el machismo y la misoginia más vulgar nos agreden, nos acosan, nos golpean, persiguen y discriminan si nos atrevemos a visibilizamos e, igualmente, cuando no nos visibilizamos pero el entorno “sospecha” nuestra desobediencia a la heterosexualidad. 
También, intentan acabar simbólicamente con nosotras desde las grandes financiadoras, corporativas, academias e instituciones que pretenden imponer sobre nuestras colectividades, encuentros y actuancias locales cómo organizarnos y con quién; pretenden condicionarnos recursos, reconocimientos, interlocuciones y hasta “permisos”. En un mismo tiempo y espacio actúan todas aquellas corrientes de pensamiento neoliberal que a las que nos posicionamos desde el feminismo, el feminismo lésbico, nos agreden, ridiculizan o nos convierten en monstruos amenazantes por enunciarnos, por mostrarnos, por querer organizarnos entre nosotras, autodefinirnos, autoreferenciarnos y establecer nuestros propios criterios de afinidad. 
El borrarnos, invisibilizarnos o diluirnos como acciones de destrucción simbólica de las lesbianas, no es nuevo. Históricamente se han construido mitos, burlas y estigmas sobre nosotras, se aprovechan nuestros aportes, sobre todo para el arte, las ciencias y los feminismos, pero se oculta quiénes y desde dónde es que construimos esos aportes y/o buscan suavizarlos, alejarlos de su radicalidad original.
Habría que preguntarnos, entonces, por qué esta saña y violencia específica hacia nosotras y nuestros pensamientos, habría que intuir que no es casual, que no se intenta acabarnos por accidente. Desde nuestras prácticas sexuales y cotidianas, hasta nuestros posicionamientos lesbofeminsitas más radicales, una espina bien molesta debemos ser en el zapato del sistema, una llave al cepo que impone la feminidad patriarcal a los cuellos de las mujeres o, tal vez, sólo somos verdaderamente monstruos cuya existencia es extremadamente desagradable para los intereses de algunes.
Sea pues, hoy 7 de marzo - aniversario del fusilamiento lesbofóbico de Pepa Gaytan y un día antes del Día Internacional de las mujeres trabajadoras-, que no quiero hacer un mero recuento de la violencia lesbofóbica, sino que las lesbianas nos recordemos unas a otras que nos debemos justicia por las que nos han arrebatado y asesinado; que nos debemos trabajo por la libertad de Higui y todas las presas del heteropatriarcado; que es urgente la visibilidad no por la inclusión a un sistema predador, mejor, una visibilidad irruptora e incómoda a la heterosexualidad obligatoria y, sobre todas las cosas, tener presente una lectura, muchas lecturas políticas, de lo que implican las persecuciones hacia la propuesta política lesbiana:
Si el heteropatriarcado quiere acabar con nosotras, es porque nos sabe peligrosas.
A las lesbianas nos están asesinando y encarcelando, pero nosotras resistimos y existimos.
Aunque les pese.

martes, 24 de enero de 2017

SIN FINANCIAMIENTOS PARA EL ABORTO:

El presidente de USA prohibió el día de ayer financiar las ONGs que informaban sobre abortos... las ONGs no funcionaràn sin financiamientos...claro, se acaba su negocio:

Por eso, exactamente por eso, es que las prácticas feministas y las necesidades de las mujeres no pueden depender de los financiamientos ni de los permisos de los "dueños del mundo". 
Este momento histórico nos obliga a cuestionar todo el poder que sobre nuestras vidas y decisiones ha depositado el feminismo liberal en los Estados y en la medicina hegemónica para que dicten sobre nuestros cuerpos.
Hay que retomar nuestros poderes y nuestros saberes. Las mujeres siempre hemos sabido enseñarnos unas a otras cómo abortar, cómo parir, cómo curar y cómo bien vivir.
¿Atentan contra nuestra salud? …pues…
¡Autonomía y Autogestión de la salud, ahora!